Semillas en el espacio

Cultivar en Marte y en la Tierra no es lo mismo, pero es igual. No es lo mismo por lo obvio: porque hablamos de dos planetas separados por promedio de 225 millones de kilómetros de distancia. Pero es igual en la medida que el principio de “sembrar, cultivar y recoger” es aplicable en Lima, Atenas o Tombuctú; y así igual en cualquier astro que orbite el Sol y en el que las condiciones sean las óptimas.

Pero antes de sembrar en las arenas rojizas y lejanas de nuestro planeta vecino, tenemos que empezar haciendo pruebas, primero, en los terrenos más áridos, secos y estériles que podamos encontrar en nuestro planeta: un desierto, por ejemplo.

La Gran Muralla Verde es una iniciativa que comenzó a finales de los años 70 en China, que busca frenar la expansión del desierto de Gobi y cuyos resultados, al principio incipientes, pero ahora bastante optimistas, nos demuestran que la vida, si se le cuida, se le protege, puede surgir hasta en las condiciones más inhóspitas y adversas que podamos imaginar. Gracias al estudio y perseverancia de los científicos chinos, al día de hoy se han plantado más de 60 mil árboles en un desierto ¿Y si pudieron los chinos en sus desiertos, por qué no nuestros niños en Marte?

Desierto de Gobi. La Gran Muralla Verde es un magnífico ejemplo de cómo se puede convertir un suelo árido y estéril en uno apropiado para la siembra y poblado de vida.

Por eso el programa SEMINARE, que adelantamos desde la Corporación Cipsela, y que estamos desarrollando en estos momentos con el Semillero AGROTEC en el hogar de paso Villa San Jerónimo en el municipio de Rionegro, lo que pretende es acercar a los niños y jóvenes a una agronomía inteligente, sustentable y, además, adaptable a futuras misiones a las orillas del espacio.

Semillero AGROTEC.

Las próximas misiones a Marte a cargo de las grandes agencias espaciales, para las cuales ya se han dado los primeros pasos, nos plantean el indiscutible dilema sobre la alimentación de los primeros viajeros que toquen la superficie marciana. El cine ya nos ha dado pistas con “The Martian”, en la que un botánico varado en Marte intenta resolver el problema de su alimentación mientras logra comunicarse con la Tierra, encontrando en sus heces fecales la solución a su problema, convirtiéndolas en abono para cultivar papas y proveerse así su alimentación.

Pero la vida real no es como Hollywood la plantea ni los problemas reales se solucionan siempre con heces fecales; debemos buscar más soluciones, esbozar más ideas para que ningún ser humano sufra lo que Matt Damon en “The Martian”.

Imagen de la película The Martian (2015). Desde la ficción ya se ha planteado el problema de sembrar alimentos en otros planetas con el fin de alimentar a colonias futuras.

Para eso es tan importante contar con programas educativos como los que desarrollamos en nuestro semillero de AGROTEC, donde los niños aprenden, por ejemplo, a construir sensores para medir el porcentaje de humedad en diferentes muestras de suelos, determinando así las condiciones óptimas para el germinado de una semilla. Todo esto pensando e inspirados en futuras misiones espaciales.

¿Y cómo llegarán al espacio?

Esto es algo que se logrará de la mano de otro de nuestros programas STEAM más innovadores y originales, que busca llevar los experimentos de los niños y maestros a la orilla del espacio. El programa AVES (Aprender volando a la estratósfera) es un ambicioso proyecto que se viene desarrollando en la Corporación Cipsela, apoyado por los jóvenes de nuestros semilleros, quienes propondrán varios experimentos que subirán hasta el borde del espacio a bordo de un globo de gran altitud, desde el cual se podrá estar monitoreando en tiempo real el resultado de sus experimentos.

Y aunque es verdad que los viajes espaciales son algo que se hacen cada día más cotidianos para alguien en contacto con los medios y las redes, también es cierto que, para muchos de los jóvenes de nuestros semilleros, los cuales algunos pertenecen a municipios alejados de las “maravillas del progreso” y de la “protección del Estado”, poner sus experimentos en la estratósfera, rastrearlos y luego analizar sus resultados, será una experiencia cautivadora y, quizás, determinante a la hora de elegir una carrera profesional.

¿Si una manzana cayendo inspiró a Newton para describir las primeras nociones sobre la gravedad, qué no podrá inspirar acaso en un niño ver su experimento escolar subiendo hasta el espacio?

 “Sembrar, cultivar y recoger”, este es el principio que nos ha permitido sobrevivir como especie: fue gracias a la agricultura que hemos podido avanzar de primates que temían por sus vidas si bajaban de las ramas de los árboles, hasta la gran civilización hemos construido o que intentamos construir, o mejor, que aún debemos construir.

El equipo de Cipsela ha buscado grande aliados estratégicos como la empresa Agromontesanto, quienes nos brindarán todo su apoyo en el programa SEMINARE.

Por tanto, los programas que ofrece la Corporación Cipsela son la semilla que debemos sembrar para luego recoger los frutos que nos darán los ingenieros y científicos que ahora estamos cosechando. No podemos permitir que la educación tradicional siga atrofiando la esperanza que aún nos queda cifrada en nuestro niños y jóvenes.

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